Un Caballo de Troya para recuperar las obras del exilio.-


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La estructura construida con cajones de madera, a diferencia de lo que narra aquella historia de la Odisea, contiene en su interior trabajos artísticos, académicos y culturales producidos por argentinos que sufrieron el destierro durante los años más violentos de la última dictadura militar. Hoy, a 35 años de ese golpe que dejó una herida profunda en la historia de nuestro país, dos compatriotas mexicanos se encargaron de restituir parte de esos retazos producidos por cientos de rioplatenses empujados a vivir en territorios alejados al suelo que los vio nacer.


Por Paula Sabatés

Fotografía de Federico Moscoso Feulliade


Buenos Aires, marzo 25 (Agencia NAN-2011).- “Con la agradecida esperanza de un retorno seguro a sus casas después de una ausencia de nueve años, los griegos dedican esta ofrenda a Atenea”, rezaba el lateral izquierdo del Caballo de Troya, aquel monumental artilugio que los griegos idearon para destruir a su ciudad enemiga tras años de violenta guerra. Si cambiamos esos nueve años por treinta y cinco, a los griegos por los mexicanos, y a la venganza por un noble gesto de hermandad, nos encontramos con El Caballo del exilio argentino en México o El Caballo ArgenMex, una estructura al estilo del mítico equino, proyecto de los artistas mexicanos Yamina del Real y Rolando de la Rosa, construido con cajones de madera que contienen toda la obra artística, académica y cultural producida por argentinos exiliados en México durante la última dictadura militar. “La obra le devuelve mucho a la Argentina. Materialmente, porque traemos producciones muy importantes. Y simbólicamente, porque este es un trabajo que se debería haber producido aquí y se produjo allá”, cuenta a Agencia NAN de la Rosa, que con éste suma nueve caballos encausados en distintas luchas sociales.


El Caballo hizo su presentación formal el pasado miércoles en el campus académico de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa) y cabalgó ayer en la marcha por el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Sus jinetes fueron los propios ArgenMex, que orgullosos tiraron de sus riendas mientras por sus bocinas sonaban canciones hijas del exilio, que algunos recordaban y otros descubrían. “Nos parecía una asignatura pendiente que toda esta producción volviera a Argentina y construimos este proyecto pensando en que los argentinos que se quedaron acá se iban a sentir orgullosos de ver desfilar todo lo que sus compatriotas produjeron durante su ausencia”, sostiene Yamina del Real, fotógrafa, escritora e investigadora mexicana que vivió en Argentina durante seis años, donde -dice- pudo conectarse con el pueblo que hoy homenajea desde su arte. La estructura continuará ahora su recorrido y durante los próximos 35 días será exhibida en Buenos Aires como pieza de arte contemporáneo. El material, va a quedar en el centro de estudios México-Argentina de la UNLa, donde podrá ser consultado.


Entre los materiales –-que incluyen obra gráfica, audiovisual, escritos e investigaciones-- figuran desde un libro de poemas anónimos que escribieron presos en las cárceles, un documental de una hija de desaparecidos que tuvo que exiliarse y documentales sobre la Triple A, hasta estudios de los catedráticos Néstor García Canclini y Pilar Calveiro. “Toda esta obra, aun cuando se trata de la académica, está permeada por el dolor del exilio, por la lucha por la supervivencia, por las ideas, por la libertad y por la seguridad de que vale la pena seguir luchando por un país mejor. Porque, por más que estés aislado, uno es su obra, su historia”, reflexiona la artista. Es que el proyecto “crea un canal abierto de comunicación entre las dos Argentinas, la geográfica y la imaginada”, que a fin de cuentas no dejan de ser otras que aquella misma que en 1976 no le dejó a algunos más opción que refugiarse en otras banderas para pensar lo que querían pensar pero, fundamentalmente, para no morir en el olvido. “Traer el caballo lleno de esa producción es darle tangibilidad al proceso de transculturización que produjo el exilio, porque lo que crearon los argentinos aquí durante la dictadura es otra cosa totalmente distinta a la que hicieron los argentinos exiliados”, agrega del Real.


La escultura tardó tan solo 20 días en tomar forma y fue posible gracias al apoyo de la Embajada de la República Argentina en México y la UNLA. Tiene cuatro metros de altura, diez centímetros menos que la altura máxima permitida para pasar por los peajes bonaerenses. Para de la Rosa, “el caballo como animal tiene una tradición de lucha social muy importante, y en esta oportunidad permite unir a dos pueblos que de por sí se quieren mucho mediante una obra artística y no mediante una medida de un gobierno o un convenio entre embajadas”. El artista cuenta que ya planean un ciclo de documentales producidos por los ArgenMex y que tienen pensado pasear el material por todo el país antes de su resguardo definitivo en el Conurbano. “Lo importante de traerla no es que se guarde, es que se difunda”, afirma el escultor, que además hizo pequeñas maquetas-réplicas, una de las cuales ya fue entregada a la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto.


“El valor máximo que tratamos de resaltar es la solidaridad, el mostrar cómo un país abre sus puertas para personas que no pueden seguir en el suyo, y cómo eso funciona más allá de los gobiernos. Porque nosotros convocamos a toda la gente que estuvo exiliada, y no sabemos si fueron peronistas, montoneros o si no fueron nada”, resalta del Real, dejando en claro que, por más de que contenga el sudor de manos argentinas, el Argenmex es un caballo indudablemente bicultural, creado por personas partidas en dos: con la pena de quien es obligado a dejar su lugar --nota el pie: muchos artistas argentinos no quisieron participar del proyecto porque sentían que en Argentina son mal vistos por haberse “escapado” (sic)-- y el agradecimiento hacia un pueblo que los recibió sin peros. Y además demostrando que quizás sea el caballo más fuerte de todos, el único que cuando cabalga la tierra realmente deja en claro que cualquiera, si así se quiere, puede ser tierra de todos.