Rolando de la Rosa,

el poder del símbolo en un arte para todos.



Adriana Malvido


En épocas de incertidumbre, de redefiniciones y nuevos paradigmas, hay algo que perdura desde los tiempos más remotos: la fuerza de los símbolos. A Rolando de la Rosa la experiencia le ha mostrado que "el manejo de los símbolos en el arte es capaz de penetrar las fibras más profundas de la gente".


Desde la Virgen de Guadalupe, Marilyn Monroe, o la Coatlicue hasta su más reciente caballo de Troya mexicano, el artista plástico ha convertido los simbolos en el eje de su trabajo. Y también de su investigación. Luego. de una década de estudiar la simbología en el escudo de la Real Academia de San Carlos, revela que se trata de "un camino iniciático para las artes a través de claves masónicas ocultas".


Todo comenzó hace 17 años (1988) cuando una pieza de Rolando de la Rosa, exhibida en el Museo de Arte Moderno (MAM) de esta ciudad, provocó que cientos de católicos de ultraderecha se lanzaran furibundos a las puertas de la sala del recinto para protestar. Gente que quizá nunca había cruzado las puertas del MAM, demandó no sólo  la salida de su director Jorge Alberto Manrique, sino la organización de una manifestación de cientos de miles que se lanzaron  a la Villa en una marcha de "desagravio" a la Virgen de Guadalupe, cuya imagen aparecía con el rostro de Marilyn Monroe en la obra del artista. En esta instalación en las que unas botas texanas se mostraban sobre la bandera de México, también ofendió a la multitud.



Más allá del escándolo que lo llevó a las primeras planas, de las agresiones que fué objeto y de los desplegados de indignación ante el triunfo de la censura,  "en ese momento me dí cuenta de la fuerza de los símbolos en el arte. En esa época los católicos dijeron que un millón de personas habían marchado en desagravio mientras el gobierno habló de cien mil. siempre hay esa diferencia en los cálculos. Pero más allá de la cifra exacta, lo que vemos es un río de gente moviéndose por las calles y eso es muy impresionante".


Lo mismo pasó con la marcha contra la violencia de 2004 y en la más reciente, la Marcha del Silencio contra el desafuero de andréz Manuel López Obrador, el 24 de abril; ese día, una obra de arte acompañó a la multitud: el caballo de Troya mexicano que rodó desde el Museo de Arte Moderno para instalarse en las puertas del Palacio Nacional.


Entre las múltiples fotografías de la gente en las calles, las más llamativas, las más simbólicas, fueron las del caballo tridimensional hecho de huacales. Durante la marcha surgieron consignas de gran ingenio, máscaras y otras formas plásticas para darle soporte material y palabras a la conciencia y a la voluntad de la gente. Pero la imagen del caballo se convirtio casi en un emblema.


La idea fue de la periodista y guionista Susana Cato. El diseño de la escultura, de Rolando de la Rosa. El apoyo que hizo posible, el de María Rojo, presidenta de la comisión de Cultura de la Asamblea Legislativa del D.F.


¿Qué hacer desde la cultura para impactar en la marcha del silencio? Susana Cato echó a andar los motores de la creatividad aliados a una causa:  "Crear un concepto de lucha, sorpresivo, universal, comprensible y atractivo". Y se le vino a la mente el caballo de Troya, "símbolo de triunfo ante un poder amurallado".


A partir de la idea de que "primero se triunfa con la fuerza de los símbolos" y de que "el verdadero poder del pueblo está en su imaginación", De la Rosa diseñó un caballo de Troya mexicano con huacales del mercado "usados como la madera del pueblo". Se arrastró sobre "cuatro pobres diablos azules" hasta las puertas del palacio. Un caballo entero, sexuado, con la boca abierta en señal de batalla y con un moño tricolor al cuello permaneció en el Zócalo capitalino cuando todo el mundo se había retirado.


¿Qué fue del caballo de Troya mexicano? Sus autores desconocen a dónde fue a dar, pero su símbolo pertenece ya al imaginario colectivo. Para De la Rosa no importa qué fue de él físicamente, si el poder se deshizo de él o lo quemó. Lo importante, advierte, "es que a los tres días cayó Macedo de la Concha" y se impuso la voluntad y la conciencia de la gente.


Mirando hacia atrás, De la Rosa concibe que el desagravio a la guadalupana "fue símbolico": "Ni la Virgen ni la bandera pueden sentirse ofendidos, es la gente que se asume como custodio de sus símbolos a la que decide manifestarse en desagravio."


Hace dos semanas, analiza, "la marcha contra el desafuero era algo bien concreto, pero no para defender a una persona, sino a la democracia. El desafuero no sólo atentaba contra López Obrador sino contra la patria. Y en la manifestación vimos a mucha gente que no vota por el PRD, pero que marchó contra el abuso del poder que ponía el peligro a la democracia. Y quedó el caballo a las puertas del palacio, como símbolo de un pueblo que vigila y defiende esa democracia".


Así, dice, ha de permanecer el artista "ahí donde está el espacio de la crítica quien quiera que se encuentre en el poder".

A pesar de la diferencia entre ambos episodios, De la Rosa encuentra que en ellos se hizo evidente "la fuerza de los símbolos". Y a dos décadas de distancia, a los ojos del artista, se muestra algo más; que aquellos grupos que se manifestaron en 1988 contra la libertad de expresión (Pro-vida y la Unión Nacional de Padres de Familia, entre otros) son los mismos que actualmente se oponen a la libre información de cómo cuidarse contra el sida: " Y es precisamente la transparencia la que actualmente está hundiendo a Pro-vida."


El escultor lleva más de 15 años trabajando en la lucha contra el sida a través el arte. En instalaciones, performances, esculturas, carteles, y obra gráfica, De la Rosa y Yamina del Real han llevado a museos, universidades, galerías y espacios urbanos abiertos, una lucha contra la intolerancia y por mayor información para prevenir la enfermedad.


Su condón gigante se ha instalado en la Alameda, en la explanada de Bellas Artes o en los museos con la idea de que permanezca definitivamente en la conciencia social la necesidad de la prevención. En el performance "Los ángeles también mueren de sida", en "Un día sin arte", en la danza, la fotografía, y la poesía, los dos artistas visuales tienen como objetivo convertir a la expresión artística en servicio a la sociedad y en defensa por la vida.


Por esa trayectoria participarán como invitados, junto con Eduardo Cháves Silva y Arturo Miranda Videgaray, en el Europride a celebrarse durante el próximo mes de julio en Oslo, Noruega, que celebra a su vez el centenario de la ciudad.


"Ninguno de nosotros somos gay, pero tenemos años trabajando sobre sexualidad y el combate al avance de la epidemia, algo que nos compete a todos".


Para Oslo llevarán el proyecto "cuatro artistas mexicanos en campaña contra el sida" que comprende una exposición de cada uno. De la Rosa participará con su Códice Iconocuicatl Sidaids, Cantos de Angustia del Sida (15 páginas de 70 x 50 cms) así como las esculturas Tochnagual ("Dios de paso del ilegal"); Tlatohcapilli ("Dios de la masculinidad") y Sidaidstecutli ("Dios del Sida").


El Códice y las esculturas son el resultado de un trabajo profundo acerca de los migrantes y el sida: "Imaginate la vida de la gente más necesitada: se va de migrante. vive como ilegal, se contagia de sida y viene a morir a México o a contagiar a su familia. El panorama no puede ser más desolador, pero es real y las cifras son cada ves más altas. Entonces, invente toda una mitología de los dioses del sida con la idea de que la obra se convierta en un vehículo para dar información a ese sector, pero también a toda la sociedad que debe estar conciente de esta realidad que nos rodea".


En este proyecto, como en todos los que trabaja, la simbología es el eje. A De la Rosa lo comisionaron para reproducir en escultura el escudo de la Academia de San Carlos. Empezó a investigar y se dió cuenta de la gran riqueza simbólica que escondía el grabado realizado en el siglo XVIII por Jerónimo Antonio Gil y convirtió el estudio en su tema de maestría.


"Llevo 10 años y he terminado de decifrar todas las claves ocultas en el grabado. Sí, ya se que suena a Dan Brown y su Código Da Vinci, pero lo importante es que, cuando la masonería estaba prohibida, llega este grabador español, funda San Carlos a nombre de Carlos III, que también era masón, y realiza el escudo emblemático para la Academia. Luego de consultar el grabado original en el Archivo General de la Nación, coloqué una copia en el techo sobre mi litera y no he dejado de estudiar a detalle cada uno de sus elementos simbólicos. En resumen, el escudo es la clave oculta de una iniciación masónica a través del árbol de la cábala, para los artistas."


Lo anterior, asegura, no había sido estudiado anteriormente; " Se supone que la masonería llegó a México en 1800 y esto cambia la fecha a 1781."

Fueron masones, agrega, "Hidalgo, Morelos, y a partir de Benito Juárez, casi todos los presidentes de México hasta Gustavo Díaz Ordáz; ahora sería interesante averiguar qué artistas han pertenecido a la masonería. Sabemos que la obra de Remedios Varo está llena de símbolos masónicos y con ello se demuestra que la masonería se abrió a las mujeres, lo que ni la Iglesia ha hecho. Este es, pues, el fin y el principio de toda una investigación."


Sin ocultar su pasión De la Rosa reflexiona:

"Todo lo que hago me toma años de trabajo, pero también lleva la intención de perdurar en el tiempo. Por eso ni soy rico ni vivo del mercado. Nuestras escuelas de arte nos enseñan colores, formatos y temas de los ricos, para luego vendérselos a los ricos. No te enseñan a trabajar un arte que sirva para la gente. Ni se crea la conciencia de que el arte es una necesidad de todos." Y su apuesta es precisamente, esa.



Entrevista publicada en:

La revista Proceso Número1489 Página 68 del 15 de mayo del 2005